Cuando la alegría de la clase, no incluye...

 

El primer intento:

El manual de círculos me había prometido que la rutina era la clave del éxito. "Si un niño sigue el método, el aprendizaje fluye", decía una de sus primeras páginas. Y mi manual no se equivocaba... con la mayoría.

Ese día, habíamos logrado un avance genial. Al terminar la actividad, todos los niños de cabeza redonda estallaron en aplausos. Un gesto simple de alegría y reconocimiento que siempre me llenaba de orgullo. La clase se iluminó con el sonido de sus pequeñas manos chocando.

Pero de repente, una alarma invisible sonó en mi aula.

Vi cómo el único cuadrado se levantaba de su asiento, cubriéndose los oídos, con su rostro enrojecido. Un sollozo que se hizo más fuerte que todos los aplausos. La alegría de los círculos era, para él, un estruendo insoportable; y algunos de sus compañeros redondos lo imitaban como en tono de burla...  Mi manual no me había preparado para esto. No había una página, ni una nota a pie de página, para saber qué hacer cuando un aplauso se convierte en una tormenta.

Mi primer intento de integrarlo, usando la misma receta para todos, había fracasado. Y en ese momento, entendí que mi manual de círculos era incompleto.

Te sigo contando: Parte III

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